Google+ Última Hora Lara: Despelote en Garzón por venta de leche en polvo

Despelote en Garzón por venta de leche en polvo

Además de la leche en polvo, vendieron champú y leche Previo para niños

Todo un desorden causó la llegada de la leche en polvo al supermercado Garzón. Dos colas, una con más de mil personas y otra con al menos 300 abuelitos, embarazadas y personas con discapacidad, estaban a las afueras del establecimiento pegados a las rejas o sentados en el piso. Unas señoras estaban desde las 4:30 de la mañana, porque el rumor de la llegada de leche corrió como pólvora por las comunidades cercanas, que se alzaron y hasta trancaron la avenida Libertador. Había tanto despelote en el sitio que unos pasaban sin meterse en la fila y les quitaban el chance a otros de llevarse tres kilos de leche en polvo.
"Tengo dos meses buscando leche en polvo, solo consigo líquida" justificaba Nélida Díaz, mientras peleaba su turno en la cola. Los empleados de Garzón, junto a funcionarios de la Policía Estadal y Guardia Nacional, ponían orden al despelote que causó la aparición de la leche en polvo a precio regulado (Bs. 30)

Con un sello del supermercado iban marcando en el brazo a las personas para que ingresaran y pudieran comprar solo tres kilos de leche. La identificación por número se acabó pasadas las 9:00 de la mañana, cuando vieron que habían perdido el control y la gente pedía con desespero movilizar la fila. Tuvieron que cerrar los portones por medidas de seguridad y las personas que no iban a comprar leche en polvo podían ingresar por la otra entrada, pero sin el respectivo sello de Garzón, que daba fe de que estaba en cola.
Además de la leche en polvo, vendieron champú y leche Previo para niños, pero para comprar esos dos últimos no había cola, la gente podía entrar en medio del despelote y por la puerta que habilitaron. Solo contaban al salir que la cola para pagar adentro era tan exagerada como la de afuera, a pesar de que casi todas las cajas estaban habilitadas para cobrar. Sentada en un banquito que le prestaron, desde la cola de los abuelitos, Olga Ocanto rogaba que la dejaran pasar. Ella es diabética, toma muchos medicamentos que le pegan en el estómago y cuenta que solo un vaso de leche le calma los ardores. "No tengo hijos en la ciudad. Es horrible lo que vivo para comprar", relató, mientras uniformados ponían orden en la cola de más de mil personas.